Ya puedes ver el trágico escenario
y cada cosa en el lugar debido;
la espada y la ceniza para Dido
y la moneda para Belisario.
¿A qué sigues buscando en el brumoso
bronce de los hexámetros la guerra
si están aquí los siete pies de tierra,
la brusca sangre y el abierto foso?
Aquí te acecha el insondable espejo
que soñará y olvidará el reflejo
de tus postrimerías y agonías.
Ya te cerca lo último. Es la casa
donde tu lenta y breve tarde pasa
y la calle que ves todos los días.

El otro, el mismo

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Alfredo Jiménez G.
over 2 years

El Poeta contempla todas las cosas en su sitio al ocaso de su vida. Le toca atestiguar trágicos desenlaces y para expresarlos se apoya en los amores de su vida, que fueron su grandeza cotidiana: La mitología griega, la historia de Roma, los Reyes de Sajonia...

Conocedor de la naturaleza humana que es proclive a repetir errores, sigue encontrando infamias, conflictos, muerte, pero también heroismo. Le queda claro que su fin se acerca, que morirá "como las rosas y Aristóteles". Espera su desenlace con paciencia y dignidad valerosa y con inteligencia, recreándose en los recuerdos de la biblioteca de su abuelo, que a lo largo de su existencia se desplegó en nuevos pasadizos y corredores (uno en la calle México, donde abandonó un "Libro de arena"). Hasta para hablar de su cercano fin utilizó argumentos maravillosos de esos libros que fueron "el acontecimiento más importante de su vida".

De manera inevitable este poema nos trae recuerdos, como cierta moneda se los provoca a Belisario. Moneda de bronce que antes fue una espada, cantada en algún hexámetro y que fue el salario de alguien para excavar seis pies de tierra, o un poco mas...

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