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A veces, mamá, te digo..

—A veces, mama, te digo,
que me das un miedo loco.
¿Qué es eso, di, que caminas
de otra laya que nosotros
y, de pronto, ni me oyes
y hablas lo mismo que el loco
mirando y sin responder
o respondiendo a los otros?
¿Con quién hablas, dime, cuando
yo me hago el que duerme... y oigo?
Será con los animales,
la hierba o el viento loco.
 
—Porque todos están vivos
y a lo vivo les respondo.
También contesto a lo mudo,
por ser mis parientes todos.
 
—Ja, ja, ja, mama, la mama,
calla o me lo cuentas todo.
 
—Me llamaban “cuatro añitos”
y ya tenía doce años.
Así me mentaban, pues
no hacía lo de mis años:
no cosía, no zurcía,
tenía los ojos vagos,
cuentos pedía, romances,
y no lavaba los platos...
¡Ay! y, sobre todo, a causa
de un hablar así, rimado.
 
—¿Y qué más, qué más hacías?
¡Ve contando, ve contando!
 
—Me tenía una familia
de árboles, otra de matas,
hablaba largo y tendido
con animales hallados.
Todavía hablo con ellos
cuando te vas escapado.
 
Pero ellos contestan sólo
cuando no les hacen daño.
No lo hostigó mi Santo
Francisco y les dijo hermanos.
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