A todas esas personas que dedican parte de su tiempo en ayudar a los demás. En especial a mis compañeros de la Fundación Prodean y a esas personas que nos hacen formar parte de sus vidas y que nos aportan tanto con una simple sonrisa o un simple gracias.

 
Solidaridad, esa palabra que a muchos
le cuesta pronunciar, pero sobre todo
demostrar.
 
No es más rico el que más tiene,
sino el que más da, el que más comparte.
Ser voluntario me  aporta esa riqueza
que el dinero no da.
 
El voluntariado no entiende de raza sexo ni edad,
y eso es lo bueno, que por mucho
que uno aporte siempre recibirá más,
más cariño, amistad y gratitud personal,
hacia uno mimos.
 
Para ser voluntario no hay que ser ni monje budista
ni hermanita de la caridad, solo hay que pararse
y mirar un poco más allá de nuestro circulo
e incluso en ocasiones ni eso, y ponerse actuar.
 
 
Es más rica el alma del que comparte
su tiempo por ayudar a los pobres,
ancianos, a los enfermos o
a los que se encuentra solos.
 
Haz lo que te gustaría que te hicieran
cuando te sea necesario,
nunca digas nunca,
ya que no sabes
que puede suceder mañana.
 
Ser voluntario puede ser
el devolver algo que hicieron por ti,
o algo que el día de mañana harán contigo,
o simplemente por encontrarse
bien con uno mismo.
 
Ser solidario, ser voluntario
te aporta amistad, bienestar,
enriquecimiento personal.
 
El ayudar a mejorar  la sociedad al final
termina ayudando más a uno mismo
a crecer como persona, si lo eres sigue por
este camino, sino lo eres,
prueba  seguro que no te arrepentirás.

(2015)

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