Padre,
¿cuándo fue
la última vez
que me despidieron
tus ojos?
 
Fue entre una esquina,
y un sol
de media tarde,
ahogándose.
 
Tus tiernas miradas
amansaban las sombras
que reinaban
en mi alma.
 
Si te pierdo padre,
¿dónde irá a parar
esta tristeza?
¿En qué oculto callejón
de quebradas losetas,
iré a llorar tu ausencia?
 
¿Ante qué cerradas
puertas?
 
Es que tus pasos
se han dormido,
y tu abrazo
se detuvo en el inicio
de la nada.
 
Padre,
¿quién desconectó
tu temprana risa
de mis antiguas
lágrimas?
 
No lo sé.
Hoy sólo yacen
en los escombros
de mi pena,
los geranios rosados
de tu vieja maceta.
 
Y al pie
de tu enlutada reja,
tus canciones silentes,
y tu relámpago de amor
en notas apagadas.
 
Padre,
no te vayas,
aún nos queda
una ventana,
grande, iluminada.
 
Aún tu voz
se acallará
como llanto de niño,
después de elevar
desde las fibras de tu ser
una tonada.
 
Y para festejar
como siempre
tomaremos un café.
 
 
Ingrid Zetterberg
 
Este poema fue escrito cuando aún mi padre vivía
 
Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657
18 de Agosto de 2,016

De mi poemario "Los girasoles eternos"

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