A Juan Ramón Jiménez

A Juan Ramón Jiménez

by Antonio Machado

Por su libro Arias tristes.

Era una noche del mes
de mayo, azul y serena.
Sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,
iluminando la fuente
en donde el agua surtía
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.
Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.
Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.
Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.
«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera...»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.
Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.

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Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño

¡Y esos niños en hilera,
llevando el sol de la tarde
en sus velitas de cera!...

Un año más. El sembrador va echando
la semilla en los surcos de la tierra.
Dos lentas yuntas aran,

El casco roído y verdoso
del viejo falucho
reposa en la arena...

Hoy buscarás en vano
a tu dolor consuelo.
Lleváronse tus hadas

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones

Era una mañana y abril sonreía.
Frente al horizonte dorado moría
la luna, muy blanca y opaca; tras ella,

Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
lavó la lluvia, sobre el muro blanco,

Eran ayer mis dolores
como gusanos de seda
que iban labrando capullos;

Me dijo un alba de la primavera:
—Yo florecí en tu corazòn sombrío
ha muchos años, caminante viejo

Es una forma juvenil que un día
a nuestra casa llega.
Nosotros le decimos: ¿por qué tornas

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