Relato

En aquella plantación de algodòn en Carolina del Sur, cuando al anochecer se apagaban todas las luces, Brianna abría la puerta de su cuarto, lo notaba a veces frío, a veces demasiado húmedo. Pero era suficiente, tener una habitación propia, si lograba refugiarse allí unas cuantas horas, cuando los búhos se oían a lo lejos y la corriente del Mississipi cantaba, oraciones en la lejanía con las que ella se abandonaba a los sueños.
No podía pedir nada mejor, no creía merecerlo, su madre era esclava, una de las muchas con las que el dueño había tenido hijos, pero ella era distinta a sus demás hermanos, tenia el cabello liso y rubio oscuro, los ojos castaños, casi verdes y la piel...muy clara.
Pese a ser blanca, Brianna no tuvo hasta entonces ningún privilegio por ello, pero las habladurías y rumores sobre el asunto, hicieron que el dueño de la plantación le hiciese un hueco bajo su techo. No por deseo propio, la tez y los rasgos de aquella niña trabajando entre los negros le acusaba y le suponía un escándalo.
Brianna callada y llena de temor fue llevada un día a la casa, soportó por años las degradaciones y el desprecio de su padre. Hubiese sido mejor para ella no haber nacido. Es lo que le oyó decir. Y con una sola vez fue suficiente.
Quizás esa actitud mermó su espíritu ya de por si sensible. Brianna fue educada en las artes y las letras para las cuales demostraba cierto talento. Cuando su madre enfermó su padre pensó en deshacerse de ella, pero no le dio tiempo. Tal vez solo saber hasta que punto era despreciada o no amada acabó con la vida de aquella noble mujer. Brianna pensó: Quizás creyó que yo tampoco la quería... Ni siquiera pude despedirme de ella.
La niña creció y ocultando su origen mestizo el padre intentó venderla a buenos partidos. Hombres  mucho mayores que ella o hijos de aquellos mismos hombres que no le atraían en absoluto. “ Es lo mismo”se dijo “ A mi hermana mayor ya la casaron, contra su voluntad, irá a otra plantación y su dueño será su marido, seguimos siendo esclavas igualmente,tengamos el color que tengamos no podemos elegir.”
Brianna no sabía lo que era amarse a si misma, dado lo que había vivido era imposible, pero esto no la libraba del sufrimiento de verse vejada por la inercia de los protocolos sociales. Y si algún día un hombre que la amase descubría su secreto. Ese día estaría muerta.
Así es la ley, así son las cosas.
Apareció un chico blanco muy apuesto, al crepúsculo, un verano, cazando cerca de la plantación, se vieron y empezaron a encontrarse cada tarde en el mismo lugar. El terrateniente fue avisado, de la nueva amistad que tenia su hija, e instantáneamente montó en cólera porque no era ni propietario, ni rico y además más joven que ella.
“ Es una desgraciada, no es que me interese saber como será su futuro pero si se junta con ese hombre acabará con ella”se dijo.
Pronto todo el pueblo se puso en contra de esa relación pero por muy mal que les hablaron al uno del otro para separarles no lo conseguían.
Hasta que Brianna llego a pensar que podría ser un amor autentico, verdadero, que él entendería la verdad y su silencio cuando ella tuviese el valor para decírselo.
Sin embargo, una mañana nubosa, cuando el viento en los pantanos gemía entre los árboles, una arpía habló con Gwendal el cazador y le contó su terrible secreto, con el único fin de que la abandonase.
Él la esperó y le preguntó en la noche... ella sintió una puñalada de hielo en el corazón.
“  Me has mentido” murmuró él.
Ella retrocedió... nunca había sentido tanto pesar, tanto miedo.
—Si vas a hacerme sufrir no te quedes conmigo.
Se atrevió a susurrar Brianna.
Lleno de rabia y disimulando muy mal el rencor, que ya le reconcomía las entrañas él dijo: –No, estás muy equivocada. No importa que realmente no te haya querido nunca, no me importa lo que diga la gente, ni me importa lo que tu sientas. Es peor el daño que me has hecho tu.
Sin embargo sé por tus criadas que esperas un hijo mío. Prepara tus cosas porque mañana te llevaré conmigo.
Y su voz sonó tan inquietante como las palabras que dijo,
“¿Como puede pensar que voy a seguirle después de escuchar esto?”
¿Cuantas veces por nimiedades había tenido que oír “ No haces nada bien, no vales para nada ”
Y ahora aquello.
¿Que clase de fuerza, Dios del cielo y de la tierra tendré que reunir, para alejarme de este hombre que me odia? Se decía
¿Que remedio hay para su aflicción sino la distancia? Acabarán calumniándome delante de él de todos modos, con cosas que ni siquiera soy, ni he dicho o hecho. ¿De que servirá defenderme de alguien que es mi primer detractor?
-Voy a por ti y lo sabes. No te irás por mucho miedo que tengas...
Yo te salvaré de ti misma.
“ ¿De mi misma?  ¿De mi fragilidad, de mi tristeza por haber conocido el mal a través de los tabúes del mundo? ¿Por haber amado sin medida a un amor prohibido?  Que no me correspondia... ¿Tu me salvarás de mi misma? Y luego...¿Como me salvaré de ti?

Continuará


#damas del sur#relato sureño#guerra americana de secesión

  • 0
  • 1
  •  
  •  
Login per commentare...

Piaciuto o affrontato da...

Ada Pardo
Email

Altre opere di Marian Vanderlest...

Alcuni poeti seguiti da Marian Vanderlest...

Carlos Godfrey