La luz devasta las alturas
Manadas de imperios en derrota
El ojo retrocede cercado de reflejos
 
Países vastos como el insomnio
Pedregales de hueso
 
Otoño sin confines
Alza la sed sus invisibles surtidores
Un último pirú predica en el desierto
 
Cierra los ojos y oye cantar la luz:
El mediodía anida en tu tímpano
 
Cierra los ojos y ábrelos:
No hay nadie ni siquiera tú mismo
Lo que no es piedra es luz.

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Ada Pardo
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