Murió de cara al mar aquel valiente,
bañado por la luz de la alborada,
noble, serena y firme la mirada,
tranquilo el corazón, alta la frente.
 
Cerca, la muchedumbre indiferente
para ver aquel crimen congregada,
mejor hubiera estado arrollidada,
que es la actitud que cuadra al impotente.
 
¡Murió de cara al mar, en hora impía!
y no rugió de rabia el Oceano,
ni en noche eterna convirtióse el día.
 
Murió con el valor de un espartano,
mientras la libertad le sonreía
señalándole el cielo con la mano.

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