A un compadrito le canto
que era el patrón y el ornato
de las casas menos santas
del barrio de Triunvirato.
 
Atildado en el vestir
medio mandón en el trato;
negro el chambergo y la ropa,
negro el charol del zapato.
 
Como luz para el manejo
le firmaba un garabato
en la cara al más garifo,
de un solo brinco, a lo gato.
 
Bailarín y jugador,
no se si chino o mulato,
lo mimaba el conventillo,
que hoy se llama inquilinato.
 
A las pardas zaguaneras
no les resultaba ingrato
el amor de ese valiente,
que les dio tan buenos ratos.
 
El hombre según se sabe,
tiene firmado un contrato
con la muerte. En cada esquina
lo anda acechando el mal rato.
 
Un balazo lo tumbó
en Thames y Triunvirato;
se mudó a un barrio vecino,
el de la Quinta del Ñato.

Para las seis cuerdas

#EscritoresArgentinos

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Alfredo Jiménez G.
casi 5 años

¿Cuántos Poetas prodigiosos hay en este solo autor? Borges cantaba con maestría lo mismo a esa noche que contuvo mil noches, a esa ciudad que "con fuego y con sal borró el latino", a ese laberinto que era la casa de Asterión, al oro que resplandece en la piel de los tigres, a ese otro posible mundo "que no conocemos"...

Pero aquí descubrimos a otro Borges, que cambia la estructura de su verso, lo comprime a un octasílabo impecable para entonar un canto más local y cercano a la gente y no por ello menos universal. Se trata de las glorias de un dandy perdido en el laberinto de las calles del barrio. Hazañas que burlan los linderos de la ley contadas en discreto lunfardo para que las entiendan los más compadres.

Aquí hay oro que acecha como ráfaga funesta, lo mismo como bala o cuchillada al doblar la esquina, pagando el caro precio de dar rienda suelta a las pasiones. ¿No eran los mismos temas los que inmortalizó el rapsoda o aquel otro que escribió en "su lengua de aves y de rosas"?

Borges estructuró con hábil pluma la mitología de Buenos Aires y las pampas. Le dio legendaria celebridad a los Nilsen, a los Iberra, a Juan Muraña, a este títere petimetre que lloran ciertas damas de la noche. Pobló calles, barrios y caminos de sus propios héroes sempiternos que deambulan desafiando a la "justicia".

¡Salud por estos versos "para las seis cuerdas"!

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Alfredo Jiménez G.
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