El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
                                Es una tarde clara,
casi de primavera;
tibia tarde de marzo,
que al hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o, en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
 
    En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
 
    Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
 
    Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
 
    Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
 
    Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.

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Alfredo Jiménez G.
over 3 years

Maduro, como aquellos áureos limones que rescatara del fondo de la fuente en su niñez, ha regresado el Poeta Antonio Machado a ese patio de Sevilla... “y al huerto claro donde ‘aún’ madura el limonero” que pródiga sus frutos al agua, donde duermen como náufragos sumergidos su sueño imperturbable sin que ningún niño inquieto los recoja.

Reconforta saber que muchas cosas permanecen, decrépitas por la inevitable erosión del tiempo, pero fieles a la sagrada encomienda de guardar los recuerdos del que se fue “veinte años a tierras de castilla” y luego a vivir casos que prefiere echar al olvido.

Huerto, fuente y limonero se alegran de verle retornar; le dan la bienvenida como pueden, prodigado aromas añejos, sombras fugaces y una que otra caricia apenas sugerida a sus sentidos de un vaporoso velo, casi brisa y casi ilusión.

Ya no hay albahaca en las macetas otrora colmadas de maternales cuidados, pero queda una vaga fragancia como amable fantasma.

Es la tarde de su infancia, los preparativos para la primavera que cuando se establece en el lugar “nadie sabe cómo ha sido” que llegó.

El Poeta recibe emocionado las dádivas de esa tarde recuperada de sus nostalgias, y deja como ofrenda, intactos los limones en el agua de oro.

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