El Sediento

El Sediento

by Octavio Paz

Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
se anegó en mi ser.
Por buscarte, Poesía,
en mí naufragué.

Después sólo te buscaba
por huir de mí:
¡espesura de reflejos
en que me perdí!

Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi:
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez;
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
el mismo muerto de sed.

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Relumbra el aire, relumbra,
el mediodía relumbra,
pero no veo al sol.

El joven Hassan,
por casarse con una cristiana,
se bautizó.

Vine aquí
como escribo estas líneas,
sin idea fija:

Nace de mí, de mi sombra,
amanece por mi piel,
alba de luz somnolienta.

Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,

Mi abuelo, al tomar el café,
me hablaba de Juárez y de Porfirio,
los zuavos y los plateados.

Ardua pero plausible, la pintura
cambia la blanca tela en pardo llano
y en Dulcinea al polvo castellano

Toda la noche batalló con la noche,
ni vivo ni muerto,
a tientas penetrando en su substancia,

Torre de muros de ámbar,
solitario laurel en una plaza de piedra,
golfo imprevisto,

Maithuna 1964

Mis ojos te descubren
desnuda
y te cubren

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