Se llamaba Marcela, y su vida siempre se vio
envuelta en un halo de misterios que la hacían
diferente a los demás.Todos sabíamos que “ella”
guardaba un gran secreto, de esos que a pesar
del tiempo y de los años, le hacían sonreír
con picardía o pasarse horas con la mirada perdida,
en un rostro lleno de incertidumbre o de zozobra.
 
No manifestaba remordimientos, ni dolor, ni alegrías. Nada que
pudiese dar a entender lo que por tanto tiempo llevaba oculto.
 
Nunca me lo confesó ni yo le pregunté; no quise ser el viejo cofre de esos recuerdos tan
ajenos a mí y que sabía,
jamás me pertenecerían.
 
Cada persona, debe tener su propio baúl lleno de candados,
esos a los que nadie pueda acceder y que nos hacen ser
tan especiales, al sentirnos
inmersos en ese retiro personal lleno de enigmas y de misterios,
¡para los demás...!
 
Los secretos no son más que fuente de recuerdos,
de imágenes, de vivencias, de sentimientos no compartidos,
(sean buenos o malos)
o simplemente, ¡nuestros!
 
Es muy grato sentirnos a solas con nuestros pecados,
con nuestros silencios, convirtiéndonos en dueños
absolutos de nuestro yo.
 
-¿Quién no ha tenido un secreto?
-¿Quién no tiene un secreto?
-¿Quién no ha sentido esa sensación de misterio
con nosotros mismos?
 
Existen secretos que deberían ser confesados.
 
Muchas veces se aliviarían penurias que harían felices
a los demás, o mejor aún,
se les quitaría una gran pena, a tantos que han padecido ese
cruel mutismo a lo largo
de los años.
 
Otros, por el contrario, deben quedarse ocultos para siempre.
 
Marcela se fue sin confesar; murió en una noche oscura y sobre ella lloraron las rosas.
 
Su calma estática estaba impregnada del olor a velas, a flores, también de lágrimas.
Su boca siempre en silencio,
guardó hasta el final las palabras que nunca se dijeron.
 
Quizá, ese pesado secreto llegue a limpiar su alma bajo la sombra
de un sueño que no acabará nunca. Sueño de mármol, sueño de polvo que se perderá como un eco.
 
Sin embargo ella supo sembrar misterios, cultivó el sentido
de la imaginación, de la magia. Por eso siempre la recuerdo con una sonrisa,
pero sobre todo con muchas interrogantes que sé, ya no
tendrán respuestas.
 
Ella, Marcela, puedo ser yo, o tú, o cualquiera de vosotros,
convirtiéndonos en algo más
que un simple ser, algo más
que vivirá en las sombras, en el viento, o en las vibraciones
de todos aquellos, qué tristemente, ya no están.

Enero/25/2019

#Prosa

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Yuni
about 1 month

Y como bien dicen todos tenemos un secreto que no nos animamos a compartir por temor a que no nos entiendan o nos juzguen. A veces el silencio y un simple abrazo nos aligera el alma. Un abrazo Ada y espero que estés bien!

Ada Zoe
Ada Zoe
about 1 month

Pienso que casi todos podemos ser Marcela, es la vida, no hay más..
Gracias Yune.
Un abrazo

Angélica
over 1 year

Todos tenemos un pedacito de Marcela.

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