Apareciste en el umbral de mi puerta
con los huesos de tus padres en las manos
 embarrada de lodo y de tus daños.
 
Todo estaba tan oscuro
 y con la misma intensidad
brillaron esos ojos que son tuyos.
 
  Supe ahí mismo que serías luz en mi vida
pues la mía no era más que túnel en deriva.
 
Te temblaba la mirada,
  pero no te atreviste a llorar.
                      Temor.
 
¿Pero a qué más le temías si todo lo malo
del mundo ya te había abrazado a ti?
 
Quería que de pronto supieras
  que podías derrumbarte
y que yo enseguida te volvería a construir.
 
Exigua.
 
Después de esto, cómo no ibas a esperar
       que yo terminara por ser
                                           tu hogar.
 
                                             —Barcelona

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Cory Garcia
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