Pequeño salmo de despedida

Pequeño salmo de despedida

por René Dayre Avella

Para Ángel, la otra mitad de mí.
 

Cuando me salga de ti
cuando rompa el cerco
que me tienden tus brazos,
no intentes retenerme.
 
Hazte a un lado
quédate fijo, inmóvil.
 
Una parte de mi quedó impresa
en el llanto enjugado en tu pañuelo.
 
No me busques en una lápida.
 
Me ocultaré junto al sol en cada ocaso,
búscame entonces al romper el alba
en la brisa que mueve los naranjos.
 
Yo haré camino despacio, lentamente
hasta encontrar un lugar para esperarte.
 
 

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Aquel niño pudo tocar a la Muerte con sus manos ,
palpar su rostro,
acariciar tal vez su larga cabellera.

Te llamaste José
y tuviste sueños de alcanzar algún día las estrella …
De robarle a la noche algún secreto

La nostalgia tiene el rostro lívido y los labios
calcinados.
La nostalgia mira siempre con los ojos arañados.

¿ Por qué te arrinconas en la tristeza
buscando los oscuros escondrijos de la intimidad ?
¿ Por qué no vuelas a la luz

Y de nuevo tú
buscando un escondrijo donde anidar .
Cualquier oscuro recoveco.

El sol reverbera quemándonos,
adentrándose en la piel.
Tú ya no eres tú,

A mamá, si viviera.
Junto a las enaguas dobladas sobre un estante
mi madre también doblaba su juventud marchita

Como en un salto de bailarina
te zambulliste en un pozo muy profundo
vieja Nina.

Casi al final el viaje,
con las luces del cielo
brillando sempiternas en lo alto

Hay un grito vibrando en esta hora.
Una sombra terrible que me acosa.
Una brasa candente que me quema.

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