Pequeño salmo de despedida

Pequeño salmo de despedida

por René Dayre Avella

Para Ángel, la otra mitad de mí.
 

Cuando me salga de ti
cuando rompa el cerco
que me tienden tus brazos,
no intentes retenerme.
 
Hazte a un lado
quédate fijo, inmóvil.
 
Una parte de mi quedó impresa
en el llanto enjugado en tu pañuelo.
 
No me busques en una lápida.
 
Me ocultaré junto al sol en cada ocaso,
búscame entonces al romper el alba
en la brisa que mueve los naranjos.
 
Yo haré camino despacio, lentamente
hasta encontrar un lugar para esperarte.
 
 

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Cuando me salga de ti
cuando rompa el cerco
que me tienden tus brazos,

¡Oh, soledad que me acompañas
en este samsara interminable!
Persiguiendo cualquier grieta o vacío de mi yo.

La desnudez tendida
se revuelca.
Mi piel te roza

Tu as couru par tous les chemins
pour constater que le ciel n’est pas bleu partout.
Que la nuit est vieille et lasse de nous apporter s

Esta es la muchacha de rostro reposado
que se sienta en un sillón con doble ruedas
viendo pasar la vida por su lado.

Bien, querido Marcus,
tú que hundes las narices
en arcaicos volúmenes de historias:

Si tan sólo pudieras apretujar un poco tu soledad
hasta hacerla caber en tu bolso de mano
como un perfume de Givenchy.

Me dejo caer
me escurro
me deslizo

Al mayor de los amorosos, Don Jaime Sabines.
Dinos, Poeta, con una nueva voz prestada por el vie …
en una noche de tormenta,

Abril es odioso.
Pone a soñar a los poetas.
Alborota a los púberes

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